jueves, 24 de junio de 2010

Muhammad Yunus: “Si me preguntan cómo luchar contra la pobreza, lo sintetizaría así: crédito”

Presentación del Premio Nobel de la Paz Muhammad Yunus en el III Foro de Pensamiento Social Estratégico de América Latina, celebrado en la sede de Naciones Unidas en Nueva York, el 22 y 23 de febrero de 2010.
Una de las consecuencias sociales más graves de la crisis mundial ha sido la pérdida de millones de empleos. ¿Cómo resolverlo? El Premio Nobel de la Paz Muhammad Yunus propone lo siguiente: a través de los microcréditos y la creación de negocios sociales.

ANALIZANDO LA CRISIS FINANCIERA en la perspectiva de la respuesta social, se puede decir que éste es un momento de grandes oportunidades. La crisis está ahí, pero también podría ser una fantástica oportunidad para hacer las cosas que no fueron hechas antes, cuando debieron haber sido realizadas.

La crisis crea un entorno donde las cosas se deben hacer y hay que hacerlas rápidamente. Esto es una oportunidad por sí misma, que nos obliga a tomar la acción.

La crisis financiera mundial no ha creado nuevos problemas, sino que los ha traído al primer plano, al centro del escenario y hace la vida incluso más difícil. Los problemas ya eran lo suficientemente graves antes y continúan sin ser resueltos.

Soy un permanente crítico de los programas sociales, porque considero que la mayoría de las veces son ineficaces. Por eso creo que ésta es una oportunidad para revisar todos los programas sociales y ver cómo se pueden cambiar para hacerlos más efectivos. La crisis crea un entorno donde la toma de decisiones se vuelve más fácil.

Hay que aprovechar este momento para rediseñar los programas sociales de manera que permitan salir de la rutina y utilizar experiencias que existen en el mundo, para que entren en vigencia y se pueda convertir inmediatamente en la clase de programas sociales que se necesitan.

RESPUESTAS INMEDIATAS Y A LARGO PLAZO

Hay dos respuestas que pueden ser mencionadas. Una es la respuesta inmediata. Las cosas están ocurriendo ahora y una respuesta inmediata es necesaria para proteger a otros. La otra es una respuesta a largo plazo, la cual es igualmente importante, porque la acción es necesaria para que el mismo tipo de crisis no se vuelva a re

Sería un gran error si esto se deja fuera y el enfoque sólo se da en la respuesta inmediata, porque dejaríamos la estructura como está. Las personas reciben ayuda a fin de que puedan superar y tolerar la situación actual y luego, cuando la situación cambia, nos quedamos esperando la próxima crisis, tal vez una mayor.

Entonces, necesitamos rediseñar, remodelar y reorientarnos dentro de la estructura existente que ha creado esta crisis actual. Y ésta no sólo es una crisis financiera, se trata de un conjunto de crisis. Solamente la crisis financiera está en la primera plana porque ocupa la primera página en cada periódico. Los otros tipos de crisis no están en el periódico, pero sí están en la vida de las personas: la crisis alimentaria, la crisis energética, la crisis ambiental, la crisis social y todas las demás.

Todas estas crisis están relacionadas y un enorme grupo de ellas debe atenderse de inmediato. ¿Cómo se hace esto? ¿Cuál es la esencia de estos problemas? ¿Cómo se corrigen estos problemas? Si estos problemas no se resuelven, esto nos dejaría en una muy mala situación y eso no debería suceder.

LOS MICROCRÉDITOS COMO RESPUESTA

Sobre las respuestas sociales, todo el mundo menciona el desempleo. Las personas pierden sus medios de subsistencia e inmediatamente aparece la cuestión sobre la creación de trabajo autónomo. Es una solución rápida, bien conocida, bien establecida y así comenzó el trabajo del Banco Grameen en Bangladesh.

Los trabajos autónomos fueron creados para las mujeres pobres y esto fue creciendo gradualmente, convirtiéndose en un programa a nivel nacional, que eventualmente se extendió a lo largo de muchos otros países. Esto se conoce como microcrédito.

Por lo tanto, una parte muy importante de la respuesta es prestar atención a cualquier capacidad de trabajo autónomo existente, porque el microcrédito es una herramienta eficaz para atraer capacidad de generación inmediata de trabajos autónomos, particularmente en las mujeres. El microcrédito funciona para todos, pero funciona mucho mejor con las mujeres y esto se ha demostrado en el camino, en todas partes.

MICROCRÉDITOS EN AMÉRICA LATINA

Asistí a la Cumbre Regional de Microcréditos en Cartagena, que reúne a todos los practicantes de microcrédito en América Latina. Hay en total cerca de 150 millones de destinatarios de préstamos de microcrédito alrededor del mundo. De estos 150 millones, casi el 80% de los receptores de préstamos, están Asia, por lo que no deja mucho para África, América Latina y otras regiones.

Entonces, ¿cómo podemos aumentar el número de destinatarios de préstamos en los países latinoamericanos? Hay muchos programas en América Latina, pero cada uno es pequeño. Esto también sucede en Asia, donde hay un par de países que tienen la mayor parte de destinatarios de préstamos. Pero, ¿cómo se soluciona esto? Si el microcrédito es tan bueno, si es útil en este contexto en particular, entonces, ¿qué hace que los programas de microcrédito no hayan sido aceptados ampliamente como debería ser? Y esto, de nuevo, es una oportunidad para revisar lo que se debe hacerse y dónde.

Una verdad global, no sólo en América Latina, es que falta un marco legal para que los programas de microcrédito trabajen como bancos de microcrédito independientes, como funciona el Banco Grameen. No tiene por qué ser tan grande como el Banco Grameen, que es un banco nacional. Podría ser un banco local, pero un marco legal es necesario.

APROVECHAR LA CAPACIDAD DE AHORRO INTERNO

Hoy en día, las ONG manejan todos los microcréditos. Esto es un problema, ya que las ONG no tienen base legal para el microcrédito. Por lo tanto, tienen que traer dinero desde el exterior, ya que no pueden tomar dinero desde adentro. Si tuvieran una licencia para operar como un banco –no como un gran banco, pero al menos como un banco pequeño con una licencia de banca independiente–, sólo entonces no tendrán dinero procedente de afuera.

En la actualidad, el Banco Grameen tiene más de 8 millones de prestatarios en Bangladesh, en su gran mayoría, el 95%, son mujeres. Banco Grameen presta más de 100 millones de dólares al mes, el préstamo promedio es de menos de doscientos dólares. Todo este dinero proviene de depósitos en las sucursales del Banco Grameen y tienen un excedente de depósitos; se puede solicitar un aumento de depósitos pero no hay necesidad. El dinero no viene de fuera, ni del gobierno, ni de las organizaciones internacionales.

Cada país tiene la capacidad de generar una cantidad de dinero dentro de sus bancos para poder prestar dinero a los pobres. Éste es un elemento que sería bueno examinar y negociar con los ministerios de Finanzas. Si el Ministerio de Finanzas dice que no se puede crear otra ley bancaria, entonces hay que probar con una experimental. Yo sugiero a los países latinoamericanos que prueben facilitar una licencia a dos, tres o cuatro sucursales bancarias de microcrédito, para que se puedan dedicar específicamente a una tarea: prestar dinero a los pobres y tomar depósitos para hacer esto, sin tener otra función.

LA EXPANSIÓN DE GRAMEEN

Banco Grameen ha desarrollado también otros programas, no sólo de microcréditos. Las personas saben acerca de los préstamos de dinero, que es lo que lo hizo popular; pero las personas olvidan que el Banco Grameen es también un banco de ahorros. Sus 8 millones de prestatarios tienen su propia cuenta de ahorros en el Banco.

Es un requisito que los prestatarios guarden una pequeña cantidad de dinero en su cuenta de ahorros, así poco a poco ese dinero puede crecer dentro del banco y así obtener sus propios depósitos. Al mismo tiempo, las personas se sienten fuertes al tener su dinero en el banco. Es una enorme fuente de empoderamiento para una mujer decir que tiene una cuenta bancaria y que tiene tanto dinero en la cuenta bancaria.

Lo interesante es que todo el dinero proviene de los depósitos; más del 60% del dinero del Banco Grameen proviene de los mismos prestatarios. Cuando se mencionan los depósitos, probablemente la impresión inmediata es que se está tomando los depósitos de personas adineradas y se los da a los pobres, que puede ser cierto, no hay nada malo en ello, pero no es así: ellos reciben el interés de los depósitos.

El 60% de los depósitos proviene de los mismos prestatarios, así que cuando reciben un préstamo de 100 dólares, 60 dólares de estos 100 dólares provienen de su propio dinero. Están tomándolo prestado una vez más, debido a que este dinero fue colocado en el banco. Es una especie de depósito a largo plazo; si hay una necesidad a corto plazo, se toma un préstamo y el trabajo se lleva a cabo.

DESARROLLO DE PRÉSTAMOS EDUCATIVOS

Al mismo tiempo, los prestatarios son motivados a enviar a sus hijos a la escuela. Con el tiempo se ha convertido en un préstamo exitoso, tanto que casi 100% de los niños van a la escuela. Sin embargo, cuando esos niños crecen y tienen que ir a la universidad, las familias no tienen el dinero para continuar con la educación superior de sus hijos.

Por lo tanto, el Banco Grameen les proporciona préstamos educativos, que es una parte muy significativa de su actividad. Hoy en día, más de 50.000 estudiantes en el Banco Grameentienen préstamos educativos que les permite recibir educación superior. Las universidades no tienen que preocuparse porque el préstamo educativo del Banco Grameen los respalda completamente.

DE LA BÚSQUEDA A LA CREACIÓN DE TRABAJO

Los jóvenes siempre están preocupados sobre cómo conseguir trabajo. Conseguir un trabajo en Bangladesh es una tarea difícil, ya que no hay muchos puestos disponibles. Con el tiempo, en lugar de pedir un trabajo, los jóvenes han sido alentados a tomar un compromiso muy simple: “más que una persona que busca trabajo, soy un facilitador de trabajo, por lo que mi misión en la vida es crear puestos de trabajo para otros”.

Esto transforma el proceso de pensamiento de todos los jóvenes. ¿Por qué un joven debe estar buscando trabajo? ¿Por qué no, más bien, crear puestos de trabajo para otras personas?

Si una madre es propietaria de un banco que puede prestar mucho dinero, cantidades ilimitadas de dinero, ¿por qué su hijo debería estar buscando un trabajo? Los jóvenes tienen que pensar de manera diferente: no son personas sólo buscan empleo, sino que lo facilitan. Ésta es una forma de reorientarles: se presta dinero a los jóvenes, para que desde la escuela puedan iniciar sus empresas.

RECONCEPTUALIZAR LA IDEA DE LOS NEGOCIOS

A lo largo de los años se han llevado a cabo muchas actividades, pero la solución a largo plazo ante la crisis es reconceptualizar la idea que tenemos sobre los negocios. Creo que eso está en la raíz de la crisis que se ha creado.

Hoy existe un solo tipo de negocio en todo el mundo. En el marco teórico de los economistas, negocio significa hacer dinero y no existe ningún otro tipo de negocio. Sin embargo, si vemos a los seres humanos, los seres humanos no son máquinas productoras de dinero, a pesar de que la teoría económica así los ve.

Ésta es una muy mala interpretación de lo que es un ser humano. En primer lugar, los hombres no son seres de una dimensión; al contrario, los seres humanos son seres de múltiples dimensiones. El deseo de producir dinero es sólo una dimensión, por lo que hay muchas otras dimensiones que quedan fuera de la estructura económica. En el diseño arquitectónico de los marcos económicos y sociales, debemos incluir seres humanos completos, no una pieza de los seres humanos.

Los seres humanos son egoístas por la necesidad de autoprotección y, por lo tanto, ésa es una parte de los seres humanos. Pero los economistas escogieron el único punto del orden del día, el egoísmo, y construyeron toda la teoría de negocios sobre la base del egoísmo. En los negocios todo es para mí, y nada es para los otros, así que me enfoco de tal manera que todo viene a mí.

A CADA PROBLEMA, UN NEGOCIO SOCIAL

Los economistas olvidaron que los seres humanos también son seres desinteresados. Esto forma parte integral de ellos y no se debe separar. Entonces, ¿por qué no crear un negocio independiente sobre la base del altruismo, donde en ese negocio todo es para otros y nada es para mí? Es posible pensar en el interés del hombre por crear un negocio para ayudar a otros, para cambiar la vida de las personas. Ambos negocios se pueden llevar a cabo, el negocio egoísta, para ganar dinero para sí mismo y el negocio desinteresado, para cambiar el mundo al mismo tiempo.

Así, los seres humanos reales entran en acción, están en el mismo mercado, en el mismo entorno competitivo, que a cualquiera le gustaría tener en un sistema capitalista. No hay nada malo en poner seres humanos completos, si se puede incluir la parte desinteresada de los seres humanos.

Todo debe estar en el camino correcto. Es lo que yo llamo negocio social: empresas sin pérdidas ni dividendos, que simplemente ayuden a ajustar, reducir o eliminar un problema social. Así que, cuando se trate de un problema hay que crear un negocio del mismo; no para ganar dinero para uno mismo, sino para resolver el problema.

NEGOCIOS SOCIALES DE GRAMEEN

Lo hemos hecho con varias de nuestras empresas en Bangladesh. Una de ellas es una grande, el Hospital para el Cuidado de los Ojos, donde se realizan operaciones de cataratas. Tenemos dos hospitales, cada uno capaz de realizar 10.000 operaciones de cataratas por año, pero como una empresa social. Esto significa que nadie quiere ganar dinero del hospital.

En este hospital, obtener el mejor tipo de operación cuesta unos 30 dólares. Con operaciones a treinta dólares por ojo, se puede generar suficiente dinero para hacerlas casi gratis a los pobres, cobrarles un dólar o un dólar y medio para obtener el mismo tratamiento. Éste es un hospital autosustentable, que genera suficiente dinero para llevar a cabo operaciones de cataratas año tras año. Éste es un ejemplo de un negocio social.

Luego nos involucramos en negocios más grandes. Nos asociamos con la compañía multinacional Danone, que produce leche y yogur. La compañía de leche llamada Grameen-Danone fue creada en Bangladesh para producir yogur pero con un propósito muy especial, porque es un negocio social. La mitad de los niños en Bangladesh están desnutridos y la mayoría de ellos lo están en un nivel grave.

Todos los micronutrientes que le faltan en los niños se colocan en el yogur y, luego, el mismo es vendido a muy bajo costo para que incluso los niños más pobres puedan comer este yogur. Si un niño toma dos tazas de este yogur a la semana y lo hace durante más de ocho o nueve meses, ese niño se convierte en un niño sano. Por lo que es un negocio, pero un negocio social. Danone no quiere generar ingresos, Grameen no quiere generar ingresos; todo está dedicado a ajustar la desnutrición de los niños que lo que lo convierte en una empresa social.

NEGOCIOS SOCIALES CON FINES DE LUCRO

Otras compañías llegaron a unirse con el banco para crear empresas sociales tales como Veolia, la compañía de agua francesa. Con ella se creó la Compañía de Agua Grameen-Veolia para abordar la cuestión del agua potable en aldeas, como una empresa social. Al mismo tiempo, la compañía hace negocios sin perder dinero y sin depender de dinero donado todo el tiempo, por lo que es independiente y autosustentable.

También ha sido creada la compañía Grameen-Adidas, en sociedad con la empresa Adidas, a quien desafié a que su objetivo sea que nadie en el mundo ande sin calzado. Deben producir calzados accesibles, incluso para las persona más pobres. Mi idea fue aceptada: para que sean accesibles para los pobres, el calzado debe costar menos de un dólar. Actualmente se está trabajando en esto y se espera que para mediados de 2010 los calzados estén en producción y listos para ser probados comercialmente en Bangladesh.

Los zapatos son importantes por razones de salud. Muchas enfermedades vienen de la piel de los pies. La mayoría de las personas andan descalzas en las aldeas, los niños andan descalzos, los adultos andan descalzos. Si sus pies están cubiertos, se protegen de anquilostomas y otros parásitos, enfermedades y demás, pero esto es un negocio social, nadie quiere ganar dinero del mismo, es una cuestión de reducir o eliminar el problema.

EMPRESAS SOCIALES COMO POLÍTICA SOCIAL

El desempleo es un problema y es muy fácil de resolver: crear una empresa social. Si yo establezco un comercio en una esquina y empleo a diez personas, entonces habré creado puestos de trabajo para diez personas. Pero una empresa con fines de lucro no haría esto, porque se espera un retorno de su inversión del 25%, y si no hay un retorno del 25% entonces no hay interés en establecer la tienda.

Sin embargo, como inversionista social, como persona de negocios sociales, el propósito es crear 10 puestos de trabajo no sólo para hacer dinero. Ya que no hay interés en generar el 25, 10 o 5% de retorno, todo lo que tiene que hacer es cubrir sus costos y crear 10 puestos de trabajo. Así que cualquiera puede crear 10 puestos de trabajo, siempre y cuando uno esté interesado en crear puestos de trabajo como una empresa social. Ahora, ¿cómo se manejan éstas a lo largo del tiempo?

Tuve una conversación en mi visita a Cartagena con el gobernador de Caldas, Colombia. Muñoz explicó el problema de su provincia debido al fracaso del café colombiano. Él quería saber si yo tenía ideas sobre cómo reactivar la economía, especialmente para las mujeres y los niños. Le proporcionamos algunas ideas sobre cómo proceder. Con el tiempo, como resultado de estas conversaciones, el Banco Grameen se encuentra en negociaciones para establecer una serie de empresas sociales en Caldas y el presidente Álvaro Uribe ha apoyado la iniciativa. Esperemos que a mediados de 2010 una serie de empresas sociales se inicien en Caldas. La atención de la salud podría ser un excelente negocio social. Esto sería una gran manera de ver cómo los jóvenes se involucran y crean sus empresas.

EL ROL DEL GOBIERNO

El Gobierno debe alentar a otros a desarrollar el trabajo, crear el entorno; las empresas sociales hacen este tipo de cosas. Las empresas son exhortadas para que desarrollen sus empresas sociales, aunque sea una pequeña; una empresa social no tiene que ser una empresa a nivel nacional, podría ser una tienda de comestibles en una esquina. Pero una vez que se crea, se creó un ejemplo, una semilla que resuelve un problema y una solución para el problema de diez personas. Si uno sabe cómo resolver un problema de diez personas, todo lo que se tiene que hacer es multiplicarlo, cien veces, mil veces, un millón de veces. El desarrollo de la semilla es el elemento más importante en todo el concepto.

Haití ha tenido un trágico terremoto y esto ha creado una respuesta emocional mundial. Todo el mundo está tratando de dar dinero a Haití para que puedan superar su crisis. Es una respuesta muy genuina. Durante el tsunami hubo una respuesta similar o más potente. Se enviaron enormes cantidades de dinero. Uno de los problemas de tal respuesta emocional es que la mayor parte del tiempo el dinero no es utilizado correctamente, ya que de repente hay que administrar este dinero y no se tiene la capacidad, ni la estructura, ni nada.

Una idea es crear un fondo social en Haití, llámese el Fondo Social para Haití. Se podría asignar el 10% de donaciones y contribuciones hechas para Haití en un fondo para que ese dinero se utilice en la creación de empresas sociales, en la creación de puestos de trabajo en reforestación, salud, vivienda, saneamiento, agua y todo lo demás. Se convertirá en una inversión a largo plazo que creara las estructuras e instalaciones, que serán de larga duración, en lugar de la lucha inmediata ante la crisis.

POTENCIAR LAS CAPACIDADES HUMANAS

Las respuestas ante la crisis deben ser autosustentables. Los gobiernos suelen proporcionar dinero, apoyo, alimentos gratuitos, comidas gratuitas y esto es una respuesta de muy corto plazo. Ésta es importante, pero tenemos que desarrollar una respuesta para que no dependan menos de los subsidios gubernamentales y donaciones gubernamentales.

Con el fin de ayudar a las personas, debemos recordar que los seres humanos están repletos de capacidades ilimitadas. Estas capacidades no se deben eliminar. Por el contrario, hay que promover su desarrollo, trabajar en el diseño de los programas.

Esto es responsabilidad de todos, dichosamente todos recordaremos esto durante nuestra respuesta ante la crisis y todo irá bien para que se vuelva en un programa sostenible.

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viernes, 30 de abril de 2010

El banquero de los pobres : Muhammad Yunus

Esta historia comenzó hace 30 años. Un banco, dos empleados y un visionario subversivo. Muhammad Yunus inventó los microcréditos, préstamos sin aval para desfavorecidos. El sistema que ha sacado de la miseria a millones de personas e invita a soñar con el fin de la pobreza


Si alguien comienza un discurso predicando la “firme, profunda, apasionada” convicción de que “podemos rear un mundo libre de pobreza”, como hace invariablemente Muhammad Yunus, podemos admirar la intención pero dudar del hombre. Si entonces nos enteramos de que es catedrático de Economía, es posible que le escuchemos con un poco más de atención, pero nos esforzaríamos para eliminar la sospecha de que es un excéntrico bienintencionado, un quijote musulmán.

Hasta que uno descubre que el orador es uno de los capitalistas más triunfadores del mundo, un hombre de negocios que hace 30 años puso en marcha un banco con tres empleados, incluido él; que hoy da trabajo a 20.000 personas, y que ha creado otras 18 empresas, entre ellas, la mayor red de teléfonos móviles del sur de Asia.

Entonces, uno empieza a pensar que sus teorías utópicas quizá tengan una credibilidad ganada a pulso, que tal vez la visión de este soñador tenga su lógica. Ante todo, porque el tipo de capitalismo al que ha dedicado su vida no tiene como misión principal obtener beneficios, sino ayudar a los desdichados de la tierra.

Muhammad Yunus es a la pobreza lo que Bill Gates al software. Salvo que Yunus ha alcanzado objetivos inimaginables, en un ciclo irreprimible de crecimiento exponencial, en un entorno empresarial infinitamente más duro que el de la frondosa Seattle.

Una de las razones que permiten creer que tal vez haya encontrado la fórmula para acabar con la maldición más antigua de la humanidad, para abordar la situación de mil millones de personas que carecen de las necesidades básicas para vivir, es que ha conseguido que funcione en las circunstancias más extremas.

El laboratorio en el que lleva a cabo su experimento es Bangladesh, un país que tiene el tamaño de Andalucía y una población de 145 millones de habitantes, la mayoría de los cuales vive en una pobreza profunda. Pero Yunus, que nació en Bangladesh en 1940, cuando su país seguía siendo parte de India y todavía estaba bajo dominio británico, se ha planteado un desafío incluso mayor. Como un trapecista de circo que dijera al público “si pensaban que lo anterior era peligroso, fíjense en esto”, ha escogido como objeto de su experimento a las personas más pobres entre los pobres de Bangladesh, el grupo más sometido y con más limitaciones mentales y materiales en este país de abrumadora mayoría musulmana: las mujeres.

“Era una locura”, dice sonriendo Nurjahan Begum al recordar los comienzos de Grameen Bank y la primera “oficina” en la que trabajó: un cobertizo con tejado de chapa de zinc, una mesa, una silla, dos bancos, y sin luz ni teléfono. Nurjahan es una de las dos estudiantes de Económicas que en 1976 ayudaron al profesor Yunus a poner en marcha el proyecto.
Su cometido —a pesar de la oposición de sus padres, que querían que permaneciera encerrada en casa esperando a que le escogieran un marido— consistió en hacer el trabajo de campo preliminar, reunir datos que permitieran ver si era factible construir un banco especializado en préstamos para mujeres muy pobres. “¡Una absoluta locura!”, repite, y se ríe, mientras menea la cabeza, asombrada del insensato idealismo de su juventud.

Es una mujer menuda de rostro amable e inteligente, que lleva gafas redondas y un sari azul celeste, sentada detrás de una mesa desde donde controla sus dominios. Nos encontramos en el octavo piso de la sede central de Grameen Bank, un edificio de 21 pisos que, en el contexto de la capital bangladesí, Dhaka, es como el Empire State Building. Nurjahan, que lleva la cabeza cubierta, es una de los tres administradores generales del banco, responsable del programa de formación e internacional, y directora general de un programa de becas para niños que se creó hace tres años llamado Grameen Shikkha. Nurjahan me cuenta que la última vez que la reina Sofía estuvo en Bangladesh le dio 30.000 euros para el programa Shikkha.

La reina de España, cuya foto tiene en la pared Nurjahan, ha estado en Bangladesh apoyando los proyectos de Grameen tres veces en la última década. “El dinero que nos dio servirá para financiar 60 becas universitarias y 50 para niños de edad escolar”.
A pesar del calor y la humedad asfixiantes de Dhaka, el despacho de la declarada fan número uno bengalí de la reina española no tiene aire acondicionado, sólo ventanas abiertas y ventiladores. En la mesa tiene un pequeño botón, como un timbre. Cada vez que lo aprieta, que es aproximadamente cada 10 minutos durante la hora y media que estoy con ella, aparece un hombre. Para traer una taza de té, o un documento, o un libro, o una estadística, u otra taza de té. Y no siempre acude el mismo: he podido ver, al menos, a cuatro de estos genios de la lámpara.

“Era una locura”, insiste, “por toda la discriminación contra las mujeres que existía en aquellos días. Toda la ignorancia y la superstición que tuvimos que vencer. Era terrible. Las mujeres tenían siete u ocho hijos, mientras los hombres tenían un montón de esposas y podían abandonar a la que quisieran con sólo decir ‘me divorcio de ti’ tres veces. Las mujeres no tenían ninguna movilidad. No podían salir de casa, ni siquiera para visitar a sus madres, sin permiso del marido o de los suegros. El marido podía pegar a la mujer por cualquier razón. En mis recorridos por las aldeas para hacer mis investigaciones, me encontré con la opinión frecuente de que, si una mujer recibía habitualmente una paliza, acabaría yendo al cielo”.
La idea inicial de Yunus –una idea que, más que revolucionaria, fue trascendental– era dividir sus préstamos al 50% entre hombres y mujeres. “El primer problema fue que ninguna mujer quería aceptar nuestro dinero, porque todas tenían miedo de recibir una paliza”, explica Nurjahan. “Además, nunca habían manejado dinero. Lo temían. Y, por si eso no fuera suficiente, varios imanes nos criticaron. Deseaban que las mujeres se quedaran en su sitio”.

Mientras tanto, Yunus debía afrontar otra batalla. Para poder poner en marcha su banco, tuvo que convencer a los bancos convencionales de que le prestaran dinero. Y eso, mientras planeaba echar por tierra un principio fundamental del mundo financiero: que sólo se presta dinero a quien ofrezca pruebas documentales inequívocas de que va a poder devolverlo. El plan de Yunus, original y totalmente subversivo, consistía en prestar pequeñas cantidades de dinero a los pobres sin garantías; prestar el dinero basándose en un sistema de confianza, no en contratos legales. Según cuenta Yunus en su autobiografía, Banker to the Poor (El banquero de los pobres), los responsables bancarios a los que acudió al principio le miraban como a un loco.

Yunus cree que los que están locos son los banqueros, o el sistema que representan. “Los bancos ejercen un apartheid financiero escandaloso”, dice Yunus. “Dicen que dos terceras partes de la población mundial no tienen derecho a emplear sus servicios. Que no son solventes. Definen las reglas y los demás las aceptamos porque son poderosos”.

Yunus habla no en el último piso de su edificio, como suelen hacer los presidentes y directores generales de las grandes empresas, sino cuatro plantas por debajo de la de Nurjahan, en un despacho tan desnudo como el de ella (salvo una foto suya junto a la reina Sofía en una aldea), y también sin aire acondicionado. Lleva una camisa marrón sin cuello y tiene una juvenil mata de pelo blanco. Cargado como está de premios internacionales y doctorados honoris causa, se muestra sinceramente entusiasmado cuando le digo que EL PAÍS ha querido destacarle entre los ganadores históricos del Príncipe de Asturias.

Su aspecto y su forma de actuar son los de un hombre 20 años más joven, no de 66, y es una de esas personas espontáneas, siempre dispuestas a reír y sonreír, que desprenden buen humor, entusiasmo, curiosidad y brillantez mental.

“Los bancos dicen”, continúa, animándose con el tema, “que si uno no tiene avales, no pueden hacer negocios con ellos. ¿Quién ha dicho que hace falta una garantía? ¡No! Y ésa fue mi primera lucha, eliminar la necesidad de avales y demostrar que podemos seguir considerándolo un negocio bancario”.
Por increíble que resulte, eso es exactamente lo que ha hecho Grameen Bank. En un plazo de seis años, Yunus consiguió, primero, convencer a los bancos institucionales (a base de garantías personales que él mismo dio) de que le prestaran el dinero necesario para ofrecer “microcréditos”, un concepto de repercusión mundial que él inventó; y, en segundo lugar, logró alcanzar la paridad entre los sexos, prestar dinero al mismo número de hombres y de mujeres.

“Y lo que descubrimos”, dice Yunus, “fue que no sólo las mujeres eran más fiables que los hombres a la hora de devolver el dinero, sino que las cantidades pequeñas de dinero que pasaban por manos de las mujeres rendían muchos más beneficios para la familia. El motivo es que la mujer, sin darse cuenta, adquiere una habilidad muy especial, aprende a administrar los recursos escasos. Si no lo hace, no sólo es que la familia pase hambre: es que el marido se enfada y le pega. Así que, cuando le prestábamos un poco de dinero –30 dólares, 50 dólares–, sabía sacarle el máximo provecho para el bien del hogar. Las prioridades del hombre son otras. Él quiere pasárselo bien fuera de casa, presumir ante sus amigos. Si nos fijamos en la lista de prioridades de la mujer, nunca empieza por ella misma. Empieza por sus hijos y la familia. Si su nombre figura en la lista, es en último lugar”.

Yunus aplicó la lección.

En 1983 constituyó formalmente Grameen –que significa “aldea” en bengalí– como banco y, desde entonces, su estrategia ha estado clara: prestar dinero a mujeres. El principio ha sido siempre el de ofrecer la máxima flexibilidad y los mínimos tipos de interés a los prestatarios. Hoy en día, Grameen trabaja en 70.000 pueblos, posee 2.200 sucursales y cuenta con 6,6 millones de prestatarios; el 97%, mujeres, y todos pobres. En un país en el que el analfabetismo es galopante y la electricidad escasa, el sistema de microcréditos de Grameen funciona, como le gusta decir a Yunus, “como un reloj”. El porcentaje de incumplimiento en los préstamos es inferior al 1,5%, la envidia de cualquier gran banco. Salvo en 1983, 1991 y 1992, Grameen ha tenido siempre beneficios anuales, todos ellos reinvertidos en el banco, que no ha dejado de crecer. El modelo de microcréditos de Grameen se ha imitado en más de 80 países, entre ellos España y Estados Unidos, y alcanza a 100 millones de personas en todo el mundo.

El pueblo de Sadipur Sonargoan no está más que a 42 kilómetros de Dhaka, pero los 20 primeros, pura expansión ininterrumpida de la capital, duran una eternidad. Pero eso no es lo peor. Lo peor es la sensación de que no voy a poder salir de Bangladesh con vida. Es posible que haya sitios en el mundo en los que el tráfico sea más caótico que en Dhaka, una ciudad de 12 millones de habitantes espantosamente apiñados, pero lo dudo. Rickshaws de colores chillones (los taxis bicicleta, en los que una persona tira de un carrito para dos), taxis motocicleta, viejos coches herrumbrosos que parecen mantenerse unidos con gomas elásticas, autobuses inclinados que llevan a tanta gente encima del techo como en el interior, otros autobuses de dos pisos (del modelo vigente en Londres durante la II Guerra Mundial), masas de peatones suicidas, a menudo descalzos: todos se disputan un mismo espacio y tienen que tomar constantemente decisiones en las que la diferencia entre vida y muerte es cuestión de milímetros.

Es una visión del infierno, tras la que Sadipur me parece el paraíso. Carreteras de suaves curvas cubiertas por las copas de árboles inmensos, de vez en cuando un rickshaw que pasa en silencio –los colores brillantes, aquí, no son amenazadores, sino bellos–, tranquilos arrozales, vacas solitarias que pacen entre los bananeros de anchas hojas y, en el pueblo propiamente dicho, pulcras casas de madera con suelo de barro, situadas a intervalos regulares. Acompañado por el gerente del banco del pueblo, un joven de 25 años y ojos brillantes que me dice que tiene un título de master en Geografía, me reúno con unas setenta mujeres –de las 4.883 a las que atiende la sucursal local– que se han beneficiado de los préstamos de Grameen, y oigo los relatos detallados de una docena de ellas. La historia es siempre la misma. Una mujer solicita un préstamo inicial de unos 3.000 taka (alrededor de 35 euros) y con ese dinero acumula reservas para una tienda rudimentaria de alimentación, o financia la compra de un telar de madera, o compra una vaca, o arrienda una parcela en un arrozal. Convierte el préstamo en beneficio, devuelve el dinero al banco con un 20% de interés y luego obtiene otro préstamo, esta vez, por ejemplo, de 5.000 taka. Con él amplía un poco más su negocio, cumple los pagos –normalmente, semanales o quincenales– y pide otro crédito mayor para construir una casa, para lo que le conceden un interés más bajo, del 8%. Al cabo del tiempo, abre una cartilla de ahorros y luego, quizá, obtiene un crédito escolar al 5% de interés para ayudar a enviar a sus hijos a la Universidad.

Ése es el caso de una mujer vestida de negro de los pies a la cabeza, llamada Jahana, cuyo sueño es que su hijo Muhammad, de 15 años, pueda llegar a ser médico. Ese sueño, inconcebible antes de que Grameen apareciera en escena, podría hacerse ahora realidad. En el pueblo hay cuatro estudiantes universitarios. Uno es el hijo de una señora llamada Rashida que ganaba 60 taka diarios (menos de un euro) antes de obtener el primero de sus préstamos de Grameen, hace cinco años; ahora, su microtienda de alimentación va viento en popa, y gana 400 taka diarios. Luego está Aulia Begum, cuya bella hija de 22 años, Roshanunina, está pasando unos días en casa descansando de sus clases de ciencias políticas en la Universidad de Dhaka. Aulia, como todas las demás mujeres con las que hablo, es totalmente analfabeta.

Gracias a los préstamos de Grameen concedidos a su pequeña farmacia, y a una beca universitaria también proporcionada por el banco, su hija se ha adentrado en un terreno que su madre no podía ni imaginarse cuando nació la niña. “Me interesa especialmente la política internacional”, dice Roshanunina, una joven alta, esbelta y sonriente, de unos rasgos exquisitos enmarcados –como si fuera una Virgen María– en un velo rosa que parece de satén. Para la generación de su madre, la Universidad era un concepto desconocido. Hoy, Grameen Bank reparte sus 18.000 becas por igual entre chicos y chicas. Pregunto a Roshanunina si tiene algún sueño. “Ir a estudiar al extranjero”, responde con gran seguridad. “Canadá sería estupendo”.

No hay unos horizontes tan amplios para las ocho mujeres mendigas con las que hablo a continuación. El programa de Grammen para los mendigos, conocido como Préstamos de lucha, comenzó sólo hace tres años, pero cuenta ya con 80.000 beneficiarios en todo el país. En su caso, un préstamo habitual suele ascender a 1.000 taka (alrededor de 12 euros), con un interés del 0%, pagable cuando sea posible, si es que es posible alguna vez. Sabitum, que tiene 54 años, lleva 10 años mendigando desde que su marido se quedó paralítico y eso no le dejó otra opción. Iba de casa en casa pidiendo arroz o trapos viejos para vestirse. Ahora, lo que hace –lo que hacen todas las mendigas que disponen de préstamos bancarios– es lo mismo pero, en vez de limitarse a pedir, vende chocolate, o plátanos, o galletas que ha comprado previamente con el dinero prestado. Las historias son terribles; la pobreza, de absoluta miseria. Mojiton, que tiene 60 años y ha dado a luz nueve hijos, todos los cuales murieron a causa de diversas enfermedades, ha logrado hace poco comprar una cabra con su préstamo y confía en empezar pronto a vender leche. Amina, de 54 años pero que parece de 74, lleva mendigando 10 años desde que perdió la vista en un ojo. Vende pasteles de arroz y pitas, pero sigue mendigando, aunque me asegura que preferiría no hacerlo. Sabitum, la que mejor parada ha salido del grupo, obtuvo el préstamo hace un año y lo está devolviendo en plazos de 20 taka semanales. “Con el dinero que he ganado he comprado tres gallinas y tres patas”, me cuenta, mirándome desde el suelo, sentada sobre sus talones, delgada y descalza. “Ahora vendo huevos y he dejado la mendicidad. Todavía voy de puerta en puerta, pero ahora tengo mi pequeño negocio”.

Las mendigas, claramente enfermas, hablan en voz baja, a veces ronca. Pero cuando pregunto a todo el grupo si se sienten más felices y orgullosas desde que obtuvieron los préstamos de Grameen, por primera vez veo sonrisas. Asienten y murmuran su aprobación de forma unánime. En comparación con el tono apagado en el que habían respondido individualmente, es una auténtica conmoción.

Con esa referencia, la escena que presencio poco después, en una reunión de 50 “miembros” de pleno derecho de Grameen –así se denominan a sí mismas—, es tan eufórica como una final de la Copa del Mundo. Las 50 mujeres, vestidas con sus mejores saris, componen una imagen rica y colorida situadas geométricamente en unos bancos dentro de un cobertizo que sirve también de aula, con techo de chapa y estructura de madera.

Han venido, como hacen todas las semanas, a reunirse con el joven director de la sucursal local de Grameen, para discutir los temas pendientes, proponer nuevos préstamos y devolver los antiguos. La persona escogida para dirigir el grupo, una mujer alta y con gafas llamada Mazeda que tiene aspecto de abogada (aunque tampoco ella sabe leer), me explica lo que ya había oído en la sede central: que las prestatarias de Grameen tienen que organizarse, como condición para el préstamo, en grupos de cinco. Cada grupo se supervisa a sí mismo, vigila que no se rompa el pacto con el banco, permite que se animen unas a otras y sirve, más o menos, como garantía de buen funcionamiento. Si una de ellas no paga una letra, no es que las demás tengan que poner el dinero, pero deja en mal lugar al grupo, y eso es algo que nadie quiere hacer, porque es una cuestión de honor. El sistema de préstamos de Grameen, que, como decía Yunus, se basa en la confianza, acaba siendo tan vinculante como el tradicional, basado en contratos legales.

Escucho historias de muchas mujeres, tan decididas como podría serlo un grupo equivalente en Europa occidental. Orgullo y dignidad es lo que muestra Mazeda cuando, al final de la reunión, se aproxima a dar al joven director de la sucursal un fajo de billetes, 500 taka: su pago de la semana. Le siguen otras que depositan el dinero en la mesa, cada cantidad meticulosamente anotada en un libro por un ayudante del director. Una de las mujeres me pregunta qué me ha parecido la reunión. Le digo que creía que venía a un pueblo sumido en la miseria absoluta, pero que lo que he visto es que, aunque no son ricas, dan la impresión de ser unas mujeres tan seguras de sí mismas, saludables y felices como cualquiera. Le digo que me han contado que, antiguamente, en Bangladesh, a las mujeres les enseñaban a mirar siempre hacia abajo y no abrir nunca la boca. Pero que aquí he visto lo que han cambiado las cosas. Cuando termino de hablar, estallan todas en una alegre ronda de aplausos.

Antes de subirme al coche para el viaje de vuelta a Dhaka, Mazeda me dice: “Por favor, déle muchos saludos a la reina Sofía. Estuvo aquí con nosotras y la recordamos con mucho cariño”.
De vuelta en la sede central de Grameen recuerdo a Yunus una cosa que dijo durante un discurso en la Harvard Business School. Que el sistema de microcréditos es una herramienta que libera los sueños de la gente, da a los pobres dignidad y respeto, y llena de contenido sus vidas.
“Sí. Eso es lo más importante”, responde Yunus. “Mi trabajo rápidamente me llevó a la conclusión de que la pobreza no la crean los pobres. No podemos aferrarnos a la idea convencional de que son perezosos, les falta empuje. No es culpa suya. No son ellos quienes crean la pobreza. La pobreza la crea el sistema que hemos construido. Los pobres tienen tanta energía y tanta creatividad como cualquier ser humano en este planeta”.

Entonces, ¿es todo cuestión de liberar energía? “Exacto. Preste dinero a una mujer pobre, ayúdela a empezar, y vea cómo se produce el milagro. Toda su vida ha pensado que no era nada, y ahora, por primera vez, siente que es alguien. Que puede cuidar de sí misma. Que puede desarrollarse como persona más allá de la supervivencia. Por eso digo que estos préstamos son el dinero de los milagros. Permiten que esas personas empiecen a vivir como seres humanos por primera vez”.

Yunus opina que el capitalismo, tal como se concibe tradicionalmente, debe cambiar. Empezando por el sistema bancario. Pero no es que propugne una revolución marxista ni nada parecido. Lo que quiere es que se amplíe la definición de la palabra capitalismo más allá de la mera obtención de beneficios. Porque es claramente partidario de la libre empresa y está totalmente en contra de la caridad como estrategia a largo plazo para afrontar los desequilibrios mundiales entre ricos y pobres.
“En definitiva, mi argumento es que, cuando se dan limosnas, se impide que la gente tenga iniciativa. ‘Quédate como estás y yo cuidaré de ti’. Pero es la iniciativa lo que empuja a la gente a subir del primer nivel al segundo, y del segundo al tercero. Sin ella, no somos nada. Así que, en mi opinión, es mucho mejor recibir un préstamo que una limosna, porque con el préstamo el beneficiario asume una responsabilidad. ‘Voy a usar tu dinero y voy a ganar lo suficiente para devolvértelo con intereses y aún quedarme con algo’: ése es el trato. El que vive de limosnas se queda en las limosnas. Fíjese en lo que pasa con muchos de los que viven de la ayuda estatal en Estados Unidos o Europa. No sólo viven de la beneficencia ellos, sino que sus hijos también, porque no han aprendido a hacer nada más”.

¿Está en contra de toda protección social, entonces? “No, no. No es eso lo que digo. Lo que digo es que hay que dar a la gente una opción, un incentivo. Fíjese en los mendigos con los que trabajamos. No les digo que dejen de pedir, sino ‘¿por qué no probáis también esta otra opción?’. Les digo que, si aceptan el préstamo, tienen que devolverlo, pero que, si lo hacen, obtendrán un préstamo mayor. Con la primera opción, uno renuncia a tener el control de su propia vida; con la segunda, lo recupera”.

Me voy a hacer una segunda visi- ta a un pueblo. En esta ocasión, uno llamado Rajabar, a 50 kilómetros de Dhaka, y vuelvo a encontrarme en medio de la orgiástica danza de tráfico mortal que mantiene esta ciudad. Mi conductor –mi brillante conductor– entra y sale de las calles, da rodeos y maniobra con la intensidad de un conductor de fórmula 1. Como los demás –desde los rickshaws hasta los conductores de autobuses de dos pisos, hasta los peatones–, él también muestra unos reflejos propios de Fernando Alonso. Y no durante hora y media. Durante todo el día. Y no se ven cinturones de seguridad, ni cascos de motos. Ni uno.

En Rajabar (¡donde también recuerdan una visita de la reina de España!) hablo con otra docena de mujeres. Una de ellas se llama Nilufer Begum. Cree que tiene 40 años. Me cuenta que, hasta hace 16, cuando llegó el dinero milagroso de Grameen, vivía en casa de su madre y dormía sobre una alfombra, en el suelo, compartiendo la habitación con la vaca de un vecino. Había huido de su marido, que era vago y pobre, y le pegaba. “Al principio recibí 5.000 taka y con eso compré una vaca. Vendí la leche, pagué el préstamo y recibí otro de 10.000. Con ese dinero arrendé un trozo de tierra y cultivé un poco de arroz. Devolví los 10.000, conseguí 15.000 y establecí una pequeña tienda. Luego conseguí un préstamo mayor y construí una casa”. Y así sucesivamente. Ahora tiene un par de casas que alquila y unos ingresos de 6.000 taka mensuales, y tiene pensado emplear el crédito de 70.000 que pronto va a recibir en comprar un microbús para transportar a la gente de los pueblos vecinos.

Acompaño a Nilufer a su tienda. Su marido trabaja allí y es, a todos los efectos, empleado suyo. Ella se coloca junto a él para hacerse una foto y queda bien claro quién manda; quién es el orgulloso y quién el sumiso. La tienda es rudimentaria y no tiene frigorífico (otro deseo en la lista de Nilufer), pero tiene una mercancía tan variada como cualquier supermercado pequeño: refrescos, pasta de dientes, plátanos, galletas, aspirinas, huevos. Y es una especie de café, con gente bebiendo té o leche de coco, disfrutando de la mayor atracción del pueblo, un viejísimo televisor.

El director de área de Grameen en Rajabar y responsable de 10 sucursales, Rahman, lleva 19 años trabajando con Grameen, pero no parece que su entusiasmo haya remitido. Mientras comemos un almuerzo de pollo al curry con arroz y berenjenas, me explica, con una convicción casi religiosa, la satisfacción que le da su trabajo. “Me encanta dar a la gente la oportunidad de soñar, ayudar a que Bangladesh sea un buen país, un modelo para el mundo”, dice.
Es el mismo espíritu que encuentro en todos los empleados de Grameen con los que me encuentro y, sobre todo, en el propio Yunus, del que Nurjahan sigue hablando, tras 30 años de trabajar con él, con la devoción de una ferviente discípula. “Es nuestro líder, nuestro maestro”, me dice, echando chispas por los ojos. “Dice que debemos poner un sueño en el corazón de las personas”.

Yunus no es solamente un visionario, y probablemente un santo; es, además, seguro, un genio. Un hombre que tuvo una idea que ha cambiado las vidas de millones de seres humanos. Y, sin embargo, no tiene esa vanidad ni esa soberbia que, muchas veces, posee a los poderosos de los que dependen miles (en su caso, millones) de personas. Es un hombre con una misión, pero no un fanático. Está seguro de lo que cree, pero no parece que tenga una gran opinión de sí mismo. Ni tampoco, por ejemplo, de George W. Bush.

“Cuando llegó el nuevo siglo, hubo una gran corriente de buena voluntad en el mundo”, recuerda Yunus. “Había un optimismo tremendo; soñábamos con otro tipo de mundo. Por primera vez en la historia de la humanidad, todos los países se reunieron y fijaron una fecha, con los Objetivos del Milenio de la ONU, para mejorar el mundo. Queremos reducir el número de pobres a la mitad de aquí a 2015, dijeron. Y... llegó Bush. Que da marcha atrás en todo. Crea desconfianza entre la gente, desautoriza a la ONU y dice que puede ocuparse él de todo. Y así estamos hoy, en este lío del que no sabemos cómo salir”.

No se hubiera llegado a semejante lío si Bush, o más bien la gente que lo rodea, hubiese sabido entender el mundo con más sencillez. Una firme conclusión a la que llegó Yunus cuando estudiaba Economía hace 40 años en, precisamente, Estados Unidos es que las teorías complejas impiden ver la verdad. “¿De dónde nace el terrorismo? Muy fácil. De un fuerte sentido de injusticia. Puede ser injusticia religiosa, puede ser injusticia política, puede ser injusticia económica, puede ser verdadera injusticia, puede ser una injusticia imaginaria. No importa. Para mí es real, dice el terrorista. Así que reacciono ante esa injusticia y, como no tengo otra opción, como no puedo vencerte, te asusto. Contra eso no se puede luchar con armas ni bombas. Bush escogió una respuesta equivocada y, como consecuencia, ha habido más y más sangre; es decir, empezamos el siglo llenos de buena voluntad, pero ahora vemos todo ese odio. No era el momento de dedicarse a esto, sino de ocuparse de la pobreza, y Bush lo estropeó. ¡Qué oportunidad tan desperdiciada!”.

Yunus, en cambio, aprovecha todas las oportunidades que produce la inacabable fecundidad de su mente empresarial. Su aventura más reciente ha sido la creación de una empresa mixta llamada Grameen-Danone. En colaboración con el gigante francés del sector lácteo, abrirá en noviembre una fábrica en Bangladesh para suministrar un yogur muy barato, lleno de vitaminas y de hierro, a los desnutridos niños bangladesíes. “El año pasado me reuní a comer en París con el presidente de Danone, Franck Riboud, y le dije que, en mi opinión, el capitalismo estaba encerrado en una definición demasiado estrecha. Que la empresa no puede consistir sólo en hacer dinero, sino en enriquecer la vida de la gente. Que es posible disfrutar y hallar satisfacción cuando se crea una empresa cuyo principal objetivo no es hacer dinero, sino, por ejemplo, llevar agua potable a los pueblos pobres. Una empresa así sigue siendo capitalismo, pero de un tipo más amplio, más generoso y, al final –creo–, más gratificante. Hablé con Riboud de lo que yo llamo mi concepto de ‘creadores de empresas sociales’. Y respondió de inmediato. ¡De inmediato! Dijo que le parecía fascinante y aceptó, durante esa misma comida, crear Grameen-Danone. Nuestro plan es sencillo: vamos a hacer un yogur que los pobres puedan comprar. Y, si todo sale bien, pronto tendremos 50 fábricas. Cada una será capaz de cubrir sus propios costes y todos los beneficios se quedarán dentro de la compañía”.
Yunus cree –y ahora también el presidente de Danone– que asumir estas ideas capitalistas subversivas sirve para acercar un poco más el santo grial del mundo sin pobreza. Y no es que no se haya avanzado ya mucho. No sólo en los 30 años desde que Yunus fundó Grameen, sino en los ocho transcurridos desde que obtuvo el premio Príncipe de Asturias.

En conjunto, Grameen ha prestado más de 5.000 millones de dólares a los pobres. La idea más fantástica de las que ha tenido Yunus en la última década es la de la enorme empresa de móviles que ha creado y que, a su vez, ha generado un nuevo fenómeno, “las señoras del móvil en los pueblos”. Son prestatarias de Grameen que reciben teléfonos a precios especialmente bajos y los alquilan a locales. (Y en una ocasión a la reina Sofía, que llamó al Rey a España desde uno de estos móviles). No sólo ellas ganan más dinero, sino que ha revolucionado las comunicaciones rurales.

¿Cuál es la lección más revolucionaria que ha aprendido de los pobres?,

pregunto a Yunus. “Lo más grande que he aprendido es que cada ser humano posee un potencial ilimitado. Esto lo tengo clarísimo. La lástima es que nos limitamos a arañar la superficie. A nuestra especie le queda mucho camino por delante. No pueder ser que tantos millones de personas nazcan en este planeta para pasarse la vida buscando qué comer. Ésa es una actividad de los animales. Pero soy optimista. Realmente creo que podemos acabar con la pobreza en el mundo. Es cuestión de invertir el mismo ingenio y el mismo empuje que hemos dedicado a acabar con injusticias políticas, enviar un hombre a la Luna o la tecnología informática en encontrar la manera de dar a los pobres la oportunidad de realizarse como seres humanos. Se trata, sobre todo, de querer lograr ese objetivo. Dar a los pobres las mismas oportunidades que hemos tenido nosotros, y ver cómo se produce el milagro”.

1998: premio de la Concordia cuatro luchadores. Muhammad Yunus recibió un galardón compartido por “su trabajo abnegado y tenaz, y su contribución ejemplar, en áreas geográficas y en actividades distintas, al progreso y a la mejora de las condiciones de vida de los pueblos”. En la imagen posa sin chaqueta con sus compañeros de premio. (La candidatura conjunta fue iniciativa de Mensajeros de la Paz). De izquierda a derecha: el obispo misionero Nicolás Castellanos, que lucha en Santa Cruz (Bolivia) por mejorar las condiciones de vida de sus habitantes; el médico Joaquín Sanz Gadea, que ha desarrollado su carrera como ginecólogo en áreas desfavorecidas de la República del Congo, y el ex jesuita Vicente Ferrer, quien ha dedicado su vida a los desfavorecidos en la región india de Anantapur.

Más información de los proyectos de Muhammad Yunus en www.grameen-info.org, www.grameenfoundation.org y www.grameenphone.com.

viernes, 9 de abril de 2010

Muhammad Yunus - Premio Nobel de la Paz 2006

Muhammad Yunus y el Grameen Bank que creó, recibieron el Premio Nobel de la Paz en 2006 "por sus esfuerzos para crear desarrollo económico y social desde abajo".

Es llamado el banquero de los pobres.

En 1969, Muhammad Yunus recibió su doctorado en economía en la Vanderbilt University, a la que había podido acceder gracias a una beca Fulbright. Tras una breve experiencia docente en Tennessee, volvió a Bangladesh en 1971, al Departamento de Economía Rural de la Universidad de Chittagong.

En 1974, el profesor Yunus propuso una forma de organización social para las aldeas rurales a las que llamó Gram Sarker (gobierno rural). La propuesta demostró ser practicable y útil por lo que en 1980 fué adoptada oficialmente por el gobierno de Bangladesh.

Yunus es conocido mundialmente por su invención del sistema de microcréditos. Sus inicios se narran como un mito, como una leyenda. Conoció una mujer que producía artesanías de bambú y que para obtener la materia prima necesitaba endeudarse con los prestamistas locales que cobraban altos tipos de interés. La gestión de Yunus con bancos comerciales para obtener dinero más barato fracasó por la falta de garantías crediticias. Decidió por tanto hacer un préstamo personal equivalente a 30 euros a esa y a otras 42 mujeres que querían iniciar actividades comerciales y artesanales. Los préstamos fueron devueltos a su vencimiento. Aquello animó a Yunus que, con ayuda de sus estudiantes, empezó a ampliar el sistema de microcréditos. En 1983 creó el Banco Grameen (rural). En los últimos 20 años se estima que el Banco Grameen ha prestado más de dos mil millones de euros a tres millones y medio de pobres. El banco tiene más de mil sucursales por todo el mundo y está siendo imitado por más de 7.000 organizaciones.

Sólo personas que carecen de propiedad sobre terrenos pueden acceder a esos préstamos. Casi todos los préstamos se hacen a mujeres. Dice Yunus que "cuando una mujer consigue rendimientos por su actividad, los que se benefician en primer lugar son sus propios hijos" . Los préstamos se hacen a grupos de al menos cinco personas de forma que haya entre ellas una posibilidad de ayuda mutua y cierta presión social que impulse a la devolución. Más del 90% de los créditos son devueltos satisfactoriamente.

Información adicional:

Ver en este CD-ROM o sitio web:
-
"Lo que nos enseñan a los economistas", un breve texto de Muhammad Yunus
- La Conferencia Magistral impartida por
Muhammad Yunus en la Fundación Rafael del Pino el día 18/11/2002. En formato PDF.

"Hacia un mundo sin pobreza", un libro de M. Yunus. Editorial Complutense, Madrid, 1998. Puede pedirlo directamente a la editorial pulsando aquí.

Visitar el sitio web de la Fundación Grameen de Argentina http://www.grameenarg.org.ar/

Para un estudio del sistema de microcréditos ver, también, la tesis doctoral:
Alberto Martínez C. (2004)
Universidad Simón Bolìvar, Venezuela
Microcrédito y Pobreza: Proyecto de Desarrollo de Comunidades Rurales Pobres

miércoles, 17 de marzo de 2010

La Responsabilidad Social en el Perú

Aqui dejamos para la reflexión este importante tema sobre la RSE en el Perú.
Entrevista a Baltazar Caravedo, guru e impulsor de la Responsabilidad Social en el Perú, a partir de la reciente publicación "Responsabilidad Social Todos".

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jueves, 25 de febrero de 2010

COOPERATIVISMO ESCOLAR

Carolina Jara Minuche
Aqui mostramos un importante tema fundamental y doctrinal del cooperativismo EL COOPERATIVISMO ESCOLAR, base fundamental de la tarea educativa que por excelencia el movimiento cooperativista fomenta y difunde en la comunidad en general, donde se enseña la verdadera practica de la democracia, la solidaridad y ser mejores ciudadanos responsables.


Dejamos aqui un video sobre como se viene fomentando el cooperativismo escolar en el Perú.

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Concepto
Una Cooperativa Escolar es una sociedad de alumnos, dirigida por ellos mismos, con el concurso de sus maestros, con vista a actividades comunes.
Además es...
- Una entidad formativa en lo humano y en lo cívico.
- Un ente integrante de la escuela.
- Una experiencia pedagógica extraordinaria.
- Un grupo de alumnos que trabajan en común y ayudan a la escuela, si es necesario.
- Un laboratorio práctico de múltiples actividades.
- Un conjunto de interesados en los mismo objetivos.

Actividades posibles

Son muy diversas y deben adaptarse al medio ambiente en que se desenvuelve la escuela:

- Consumo (venta de elementos escolares y golosinas)
- Manualidades y Artesanías
- Artísticas ( teatro, títeres, música, etc.)
- Granjeras
- Crédito
- Para viajes de estudio
- Periodismo
- Biblioteca
- Fabricación de dulces, conservas, etc.
- Toda otra actividad afin con el entorno de la escuela o comunidad.

A ello conviene agregar todo tipo de trabajos grupales...
Cursillos, Jornadas, Paneles, Mesas redondas, Relaciones Públicas, Solidaridad social, intercambio de niños y jóvenes a distintos niveles, etc.

Todos responden a los principios de Rochdale (Reformulación última: Manchester 1995)

Objetivos
Su fin primordial es el educativo, secundario el económico, así encontraremos en ellas objetivos:
- Pedagógicos
- Sicológicos
- Prácticos
- Sociales

Se consideran 2 aspectos:
1) Como método constructivo activo.
2) Como medio de formación moral y mental del niño.

Recursos para la formación de una Cooperativa Escolar
Humanos:
- Grupo de alumnos con inquietudes comunes
- Maestro-guía
- Dirección de la Escuela

Económicos:
- Cuotas sociales
- Excedentes no repartidos
- Donaciones particulares
- Subsidios no reitegrables.

Físicos:
- Local (conviene que sea en la Escuela)
- Material didáctico e ilustrativo
- Biblioteca Cooperativa
- Bandera
- Muebles, accesorios, etc.

Órganos
de una Cooperativa Escolar (mínimos)

a) Asamblea, máxima autoridad que expresa la voluntad de los asociados
Constitutiva: Se celebra una sola vez, al crearse la Cooperativa.
Ordinarias: Se celebran una vez al año para analizar la situación económico-social
Extraordinarias: Se celebran cuando las convoca el Presidente del Consejo, el Sïndico o el 10% (mínimo) de los asociados. (Ver estatutos de la Entidad).

b) Consejo de Administración
3 miembros: Presidente, Secretario, Tesorero (como mínimo).

Sus estatutos determinan este aspecto.

c) Síndicos
Titular y suplente (Fiscalizadores de la Cooperativa)

¿Cómo se organiza una Cooperativa Escolar?

1) Crear el ambiente y la necesidad de la Cooperativa por medio de:

a) Métodos audiovisuales
b) Métodos informativos

ambos con la participación de alumnos, padres y comunidad educativa

2) Formar el Grupo Coordinador o Comisión Provisional.

3) Asamblea Constitutiva (pasos a seguir)

a) Registro de Asistentes (con firma aclaratoria).
b) Apertura del acto por un miembro de la Comisión Provisional.
c) Elección de Presidente y Secretarios de la Asamblea.
d) Elección de dos asambleístas para “Junta Escrutadora”.
e) Informe de la Comisión Provisional.
f) Consideración del Proyecto de Estatuto Social
g) Suscripción de cuotas sociales
h) Elección de los primeros Miembros del Consejo de Administración y Síndicos.
i) Todos los asociados fundadores deben suscribir este acta

4) Consejo de Administración (en su primera reunión se distribuyen los cargos titulares de acuerdo con sus Estatutos).

Derechos de los Asociados

Dentro de la Cooperativa Escolar el asociado podrá:

- Elegir y ser elegido en los cargos directivos, democráticamente.
- Formar parte de las Comisiones de Trabajo.
- Gozar de toda ventaja o beneficio que consiga la Cooperativa.
- Aprender y colaborar en las tareas administrativo-contables.
- Beneficiarse con sus servicios.